El tiempo ;unidad de medida y dimensión a su vez, de la relatividad de Einstein al tempus fugit de los clásicos. A veces me pregunto si nuestras vidas no son más que rutinas esclavizadas al tic-tac de un reloj. Si ahora les preguntase que qué hacen al levantarse el 90% de ustedes me diría recitando una a una todas las actividades como si existiese un cierto mecanicismo oculto que nos guía a lo largo del día. Pocas variantes a lo largo de la jornada, y la verdad que me confieso amante de las rutinas, de una vida programada porque la mayoría de días ni siquiera me apetece pensar en que es lo que quiero hacer.

Sin embargo en ese pequeño porcentaje de actos no rutinarios, se suelen dar a diario momentos que pararía. Me aferro con uñas y dientes a ellos , pero es imposible de detener el reloj. Una incertidumbre me hace cosquillas en el interior y  quiere pensar que se van a volver a repetir pronto esos instantes. A veces son minutos, a veces segundos... los que me paso deseando que ese momento se vuelva a repetir o que no termine nunca. Hago un esfuerzo porque quede inmortalizado, pero cuando me doy cuenta ya no es más que un recuerdo que se difumina en mi mente lentamente y me hago consciente de que pude haberlo disfrutado más. Intento irme a las leyes de la física y recordar a un viajero en el interior de tren, para él se mueven los que están fuera, para los que están fuera el que se mueve es él. Intento quedarme inmóvil en un vagón ubicado entre manecillas de un reloj, esperando que la velocidad sea cosa de los que están fuera; a veces lo consigo, otras juguetón huye y se escapa como si fuera agua que brota de una fuente y que quiero reterner en mis manos.