Tumbada en mi toalla en la playa, decidí acomodarme y dejar de apoyarme en la roca dura en la que me encontraba hace unos días, y apareciste tú para sentarte a mi lado.
Apenas te miré, me vi deslumbrada por el brillo que desprendes, cogiste mi mano, y me extendiste crema protectora. Tenía los ojos cerrados, estaba disfrutando de aquel brave instante, cuando una ola vino de golpe y abrí los ojos. Ya no estabas, y ya te echaba de menos. En realidad te echaba de menos desde antes de que te fueras. Fuerte nudo en el estómago y ganas de volverte a ver aparecer de nuevo en mi toalla, eran las sensaciones que me invadían.